En muchas ocasiones he tenido la oportunidad de comentar el mal de empresa con aquellos empleados que tienen la postura personal de despreciar a su superior, ya sea su continuo, desde el punto de vista jerárquico, a su manager o inclusive a sus directores, basado en la posible falsa creencia de la carencia de conocimientos de éste.
Vale, este es un gran mal, cuando esto ocurre. Es el claro ejemplo no tan sólo de falta de inteligencia profesional sino de un actitud enfermizo de carencia de conocimiento del concepto de EMPRESA.
Este caso, por un lado, es de mínimo impacto. Son individuos claramente detectables y vacunables, cuando estamos a tiempo, mediante una formación adecuada, mediante un conjuro de directrices psicológicas de empresa, e inclusive clínicas con dosis de paroxetina.
Cuando la vacuna no es posible, por su tardía detección, existe la aplicación directa de directrices curativas que nos permite transformar al buen trabajador con ese virus.
Lógicamente, cuando no existe remedio aparente, requiere su sacrificio. No lo voy a negar, pero no deseo profundizar en este mal.
Lo que no es perdonable es la carencia de los equipos directivos para detectar al conjunto de trabajadores con conocimientos colaterales a su práctica diaria.
Son Empleados que, por un lado, desarrolla su práctica diaria aportando un modelo de ejecución de su know how excelente y aportan un paso más allá a la productividad proactiva para el desarrollo de sus tareas diarias, sino que me refiero al empleado con un alto conocimiento colateral a su práctica diaria, convirtiéndose en una nueva figura dentro de la empresa que la denomino el co-impulsor del negocio interno.
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