
La semana pasada, me llegaba a mi lectura el artículo de Borja Vilaseca publicada en el País “Explotación Remunerada”. Dicho texto me lo dejaba en mi cuenta de facebook una buena amiga quien había asistido a mi conferencia en la universidad de Córdoba sobre la profesionalidad una vez finalizada la facultad.
En ella insistí en la actitud y en el esfuerzo personal que debían ejercer la mayoría de los asistentes (estudiantes de ingeniería informática). Pero quiero dejar claro que el esfuerzo no debe confundirse con absurdidad y mera simplicidad de hacer horas como un tonto.
Es cierto, cuya experiencia he hecho parte de mi carisma profesional, que mis más de 15 años de trabajo ha sido basándose en el esfuerzo con jornadas maratonianas de más de 14 horas.
Es cierto que dicho esfuerzo ha sido necesario para desarrollar mi carrera profesional, pero también es cierto que ha habido diferencias en dicha decisión.
Midamos dicha dedicación desde distintos punto de vista. El esfuerzo debe ser correspondido. No seré yo quien niegue la necesidad de dedicar parte de tu dedicación personal al desarrollo de tu profesión, a permitir que la empresa, en la que debes implicarte, obtener los objetivos presupuestados y que por ello requieren de una estructura no siempre adecuada.
Pero sin duda alguna, si algo es absurdo, y que es un virus en pleno desarrollo, es la necesidad de determinar jornadas de más de 12 horas por un simple “progresa adecuadamente”. Por una simple valoración positiva de quien dirige el management de algunas de las consultoras más “respetadas” de nuestro mercado. No debemos confundir el trabajar por trabajar con el trabajar por un objetivo claro, detallado y correspondido.
Ayer visualizaba un reportaje donde las empleadas responsables de la costura de Chanel dedicaban más de tres cuartos del día a detallar y remendar los vestidos marcados por Karl Lagerfeld. Trabajaban a sol y sombra durante semanas, con esfuerzo, detalle, dedicación, en equipo, pero ante todo con profesionalidad, dejando el rastro de sus sangrientos dedos sobre un trabajo impecable y maravilloso.
¿“Explotación”?, Sin duda No!
El equipo de más de 15 mujeres, que trabajaban en un maravilloso ático de un piso parisino de propiedad de la marca de Coco Chanel, estaban exhaustas por más de 15 días de trabajo con tan sólo un descanso de 4 horas al día. Cansadas. Sí, Pero ninguna se sentía explotada. Tenían su recompensa personal y profesional.
Dicho equipo de mujeres, que superaban la media de 40 años, sabían una cosa… que su trabajo requería más de una jornada de 8 horas. Era un trabajo que requería una magnifica profesionalidad que era recompensada (cada una tenía su correspondiente recompensa personal, fuera la que fuera) pero sabían que tan sólo con sobreesfuerzos, quizás inhumanos, era el único modelo de trabajo posible.
Éste es el modelo laboral que nos encontramos actualmente en el mundo de la cultura de la consultoría o cualquier gran despacho, y me atrevería a agrandar el conjunto de empresas que requiere de este modelo.
Pero no me imagino a las costureras de Chanel dedicándose a estar en su ático, mirando y observando tan sólo el bordado del vestido de novia, o los galones de su vestido de terciopelo planchado para que "La Coco Chanel” correspondiente valore su trabajo.
Si las corporaciones actuales, y las hay demasiadas, miden el rendimiento de sus recursos según las horas dedicadas es cuando aparece el virus de la silla caliente. Cuyo virus se dedica a debilitar el sistema inmunológico del empleado, su motivación.
Consideremos que se deben trabajar, en demasiadas ocasiones, jornadas lejos de las jornadas de ciertos acomodados del sector público, de acuerdo!, pero por dios! hagamos que quienes entienden que hay que hacer dicho esfuerzo la empresa, el manager, el director o el correspondiente diseñador de la empresa y de su management sepa como corresponder a quien lo hace…
... no se equivoquen, no es la económica… es la profesional y, aunque olvidada, la personal.


¡Muy interesante!!
Publicado por: Regina | marzo 22, 2010 en 00:37