Durante el vuelo de Viena Barcelona he tenido la oportunidad de leer una contra de la Vanguardia, que me ha facilitado un cliente y amigo, que compartimos muchas horas en tierras eslovacas.
Ha sido curioso porque dicho artículo ha llegado tras una interesante conversación sobre la decadencia del valor que muchas corporaciones le dan a lo que le llaman un recurso, o los que algunos nos gustan decir personas dentro de una empresa.
Lógicamente no voy a nombrar compañías que juegan al sudoku con sus “recursos”. Todos seguro que tenemos en mente alguna lista que seguro tienen alguna intersección con la mía. Y es así. Sin duda hay que darse cuenta que la sociedad ha cambiado. No tan sólo se comunican y se relacionan de otro modo, por ejemplo a través de redes sociales y la social media, si no que han transformado el valor de su día a día.
Durante mi ponencia sobre social media marketing en ESERP, les comentaba a mis alumnos que la tecnología había permitido a las personas a relacionarse y comunicarse del modo que la sociedad demandaba, la social media, y por ello la web 2.0 y sus redes sociales no era tan sólo una moda, sino un nuevo modelo de construcción de sociedad. Vale… de acuerdo. Hablamos de sociedad… ¿pero alguien se cree que esto no le afecta al modelo profesional y a la relación persona-empresa?.
Mientras se construyen nuevos modelos de gestión corporativa, con managers y CEOs que consideran en el CORE de su corporación que quien aporta valor es el conjunto jerárquico de su empresa, teniendo en cuenta tanto el role como la responsabilidad de cada individuo; otras por su lado siguen considerando que la empresa es una máquina de destroza talentos, y que sólo el concepto “up or out” es el válido, y cuyo único sentido es el porcentaje de vida que aporta el recurso a su empresa.
El trabajo colaborativo se enfrenta al trabajo competitivo. La suma de dos valores trabajando de forma colaborativa aporta más que la suma de ellos de forma individual. Es una regla de oro. Pero adicionalmente trabajar bajo la presión del despido no es el modelo a seguir.
El artículo hablaba de la ilusión, como el motor de la persona. Y estoy de acuerdo. La lucha personal entre el convencimiento y el conformismo no es un mal menor. Es un virus que se multiplica entre las personas de nuestra empresa si no la sabemos transformar en ilusión periódica. ¿Que quiero decir? Que el Management debe tener en cuenta la ilusión de quienes realizan y dedican el día a día a su corporación. Pero es importante, no confundamos la ilusión ni con la motivación ni mucho menos la remuneración. Por dios! No tiene nada que ver.
Si no conseguimos ilusionar a nuestros trabajadores en su día a día, tan sólo tendremos en nuestra plantilla a un conjunto de personas abocadas a un sentimiento perenne de conformidad que carecerá de valor para la empresa. ¿Culpable el empleado o culpable la empresa?.


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